Saquen el PowerPoint de las aulas

El triunfo del programa informático PowerPoint, con todo el formato informativo que representa, es una muestra del tipo de organización del pensamiento que se está imponiendo, alejado de la argumentación elaborada de una idea. En el PowerPoint hay toda una cosmovisión de cómo debe ser el discurso intelectual: una enumeración de ideas en forma de listado y puntos apilados, en un idioma institucional, administrativo y burocrático repleto de fórmulas impuestas, enunciados tópicos y verbos de acción en infinitivo, todo ello sin concatenación lógica ni fluidez en la argumentación. Y con eso es con lo que hoy se triunfa en las conferencias, las clases magistrales, las exposiciones de trabajo en equipo… No existe un método cognitivo analítico; la muestra se fundamenta en la exposición de efectos sin causas, del mismo modo que se hace en los medios de comunicación, en un informativo de radio o televisión, por ejemplo: listado de puntos sin relación entre ellos, fórmula enunciativa pobre de vocabulario, sintaxis estandarizada y absoluto desinterés por las causas de los acontecimientos que se están exponiendo. En otras palabras, «pereza intelectual».

Pascual Serrano. La comunicación jibarizada.

Los estudiantes serán evaluados por su capacidad de hacer una presentación en diez diapositivas y en diez minutos (capacidad de expresión oral, espíritu de síntesis, capacidad de persuasión), en suma, por su aptitud para venderse y vender sus competencias y accesoriamente sus conocimientos.

Como las numerosas pruebas de examen se evalúan mediante cuestionarios donde hay que marcar una de varias opciones, y puesto que la disertación es un ejercicio en vías de extinción, resulta difícil evitar suponer que de aquí a pocos años, a partir de esta deriva y del mandato de la exhibición ilimitada de uno mismo, las aulas de examen se habrán convertido en auditorios o en salas de espectáculo donde cada alumno se habrá encargado de preparar su puesta en escena (donde la forma primará más que el contenido) para que la presentación le suponga la máxima puntuación. La exposición se convertirá en audición, el examen en casting.

Franck Frommer. El pensamiento PowerPoint. 

La raza española

La Universidad de Zaragoza pretende imponer un límite de 7 años de permanencia en una carrera (fuente). “Cojonudo, así dejaremos de pagarles la vidorra a todos los estudiantes esos melenudos que no hacen más que fumar porros en el parque”.

Pues resulta de que no. La cuantía de mi matrícula cuando repito va aumentando exponencialmente, por lo tanto el argumento de que somos todos los españoles los que le pagamos la buena vida al que se rasca la barriga, además de falaz e hipócrita, es falso.
Pero aún así, aunque fuese cierto, ¿no es el Estado un instrumento para garantizar las mismas oportunidades a todo el mundo?, ¿y todo el mundo no es todo el mundo?. A mi me enseñaron que todo el mundo sí que es todo el mundo, independientemente de que sea rico o pobre, pero también independientemente de que sea más listo, más tonto, más vago, más trabajador, más guapo o más feo. Digan lo que digan: NO somos iguales.

Pero no, yo soy un puto hijo de la sociedad de la puta competición y no busco la Matrícula de Honor por satisfacción personal sino para comparar y ganar al de al lado, y si el de al lado copia lo denunciaré ante la UE si es necesario.
Vivo en el país en el que apenas se dan becas a la gente con pocos recursos, pero en cambio, se dan becas de excelencia desorbitadas a las personas que tienen otras circunstancias, que tienen más tiempo o, incluso, que por puro azar genético tienen más memoria, más inteligencia o más capacidad de trabajo. Y eso no me parece mal, porque como Estado es nuestro deber ayudar sólo a los pudientes y a los mejor dotados, sólo así mejoraremos la raza española. Lo de dar las mismas oportunidades a todo el mundo es de rojos.